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De Tal Astilla, Tal Palo
Aprendiendo de mi niñita a tener confianza.
  Image
arte por Lennox Haye

Cuando tenía yo 6 anos, la misma edad que ahora tiene mi hija, mi mamá me dejó con mi abuelita. Me hizo tanta falta. Recuerdo que cuando llegaba la tarde yo me asomaba a la calle a ver si había llegado mi madre. Pero pasaron muchos años y no volvió.

Aunque mi abuela siempre estuvo pendiente de mí, no fue fácil. Cuando quería compartir algo con mi mamá, o preguntarle a mi mamá, no estaba. La necesité mucho a mi mamá de niña y siento que todavía la necesito.

No Podía Abrirme

Cuando cumplí doce años, tuve que ir a vivir con ella, pero nuestra relación nunca creció. Mi madre es una mujer de carácter explosivo. Fue muy difícil adaptarme a su forma de ser.

Me hubiera gustado que ella fuera cariñosa o comprensiva pero no fue así. Nunca hubo la confianza como para contarle lo que me pasaba, mis tristezas o mis alegrías.

No sé si es mi carácter ser tímida, o si me pasaba porque mi mama no trató de darme la confianza. Mi madre nunca me preguntaba cómo te fue hoy. Me daba miedo preguntar o pedir algo ya sea a mi abuela, la maestra o a alguien a quien necesitara preguntar algo.

A Mi Hija Le Encanta Hablar

Mi hija América es el contrario. América (así se llama) es una niña muy linda, de piel morena clara, una carita muy bonita, de pestañas largas, cejas muy abundantes, y una boca pequeña. Ella tiene un carácter muy alegre, le gusta platicar mucho y es inteligente.

A ella le gusta mucho colorear, dibujar y leer, pero creo que lo que más le gusta es hablar. Desde que ella empezó a hablar, aproximadamente al 1 año y medio le decíamos que parecía un perico. Ella nos contestaba “Yo no soy un perico, a mí me gusta hablar.”

De bebé, ella sí fue muy chillona. Cuando quería su leche, la quería al instante y calientita. Desde el comente en que la tuve en mis brazos me dio alegría, cuando lo vi tan chiquita y muy velluda me sentí muy feliz.

¡Yo Soy La Reina!

Mientras crecía, hablaba aún más. La admiro por su confianza. Un día estábamos platicando mi cuñada y yo en la cocina y ella sale de la habitación y nos dice que nos calláramos. “¡La única que puede hablar mucho soy yo, yo que soy la reina!”ella nos dijo.

A América le gusta vestir muy coqueta, y a veces cuando me estoy medio maquillando quiere que también la maquille.

A veces, por su sinceridad me he sentido apenada. Un día estábamos en la estación del tren, y vio bajar a un señor por las escaleras y ella lo señaló, diciendo” Mira, Mami, ese señor, que nariz tan grande tiene.”

Alentando su Confianza

Yo trato de darles a mis dos hijos la confianza que nunca tuve con mi madre, entonces siempre les digo que me cuenten lo que les pasa. Trato de demostrarles que son lo más importante para mí y de ser una madre cariñosa. Todos los días les pregunto a mis hijos como les fue en la escuela.

Claro que en ocasiones me desespero, me enojo, y les hablo fuerte. A mi me frustran cuando se están peleando entre ellos, y uno quiere una cosa y el otro la quiere al mismo tiempo. Pero trato de hablarles, diciendo, “Eso no está bien, tienen que ayudarse y cuidarse unos a otros.” No soy una madre perfecta, pero yo trato de que mis hijos sean buenas personas.

Creo que sin darme cuenta mi abuela me enseño a ser como soy hoy en día con mis hijos. Mi abuelita era cariñosa aunque en ocasiones sí un poquito estricta. A veces mi hermana menor y yo queríamos ir a jugar a la casa de una amiga y no nos dejaba ir.

Ahora que soy madre la comprendo. Ella lo hacia por protegernos y cuidarnos. Ella siempre nos enseño a tener las cosas bien organizadas en la casa, ella trataba de enseñarnos con paciencia y sin regañarnos si no lo hacíamos bien en la primera vez, algo que mi mamá nunca hizo. Aunque era una mujer chaparrita tenía la fuerza para enfrentarse a cualquiera sin miedo a nada.

Admirando a Mi Hija

A veces siento que América es más fuerte que yo. Si alguien la molesta- ¡Oh! ¡Se lo hace saber! Si algo que la incomoda, se defiende. Ella no le teme a decir lo que ella siente.

Yo no. Primero me pongo nerviosa, y después lloro. En ocasiones me gustaría ser como ella. Quisiera ser segura de mi misma como ella, expresar mis emociones sin temor a que me critiquen como le hace ella.

Cambiando un Poquito

A veces no quiero decir lo que siento por temor a lastimar a los demás, porque yo lo he sentido. Es muy doloroso cuando alguien te dice algo que te va a hacer daño. Cuando mi madre me regañaba ella me decía tantas cosas. No le importaba si lastimaba mis sentimientos. Son cosas que me marcaron. Me dolieron, pero trato de no recordarlas.

Siguiendo el ejemplo de mi hija, creo que he cambiado un poco. Ahora puedo preguntar a alguien si necesito algo, sin tener miedo. Siempre que había alguna reunión en la casa me apartaba de la demás gente. Creo que mi hija, me ha ensenado a ser más sociable.

Soy un poco diferente, pero es difícil de cambiar. Me gustaría expresar más mis emociones, decir lo que siento.

Una Buena Mama y Amiga

Ahora todavía mi mamá y yo no podemos comunicarnos. Siempre he soñado estar juntas para compartir momentos buenos o malos, y que sea mi mejor amiga. A veces quisiera decirle cuanta falta nos hizo de Nina y que yo hubiera querido que me diera amor, confianza, y ternura.

No tengo muchos recuerdos buenos de mis anos con mi mama. Recuerdo que nos llevó a mis hermanas y a mí a un circo. Allí me tomó una fotografía en donde yo tenía una blusa blanca y una falda de cuadritos. Recuerdo que en este momento estaba feliz y contenta con mi madre y mis hermanas.

Quiero dar muchos momentos así a mis hijos. Yo quiero que América y mi hijo Alan siempre me tengan confianza, creo que es lo más importante entre un hijo y una madre.

Yo se que me falta mucho por aprender para ser mejor Mama y una persona mas segura. Pero cada día que pasa mis hijos me van enseñando como hacerlo.

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